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El impacto del clima y la temperatura en el control de la diabetes

30 October 2025 Read time: 12min

¿Te ha pasado que un cambio abrupto en el clima o una ola de calor descontrola tus cifras de glucosa, aunque sigas tu tratamiento farmacológico y tu régimen alimenticio con disciplina militar? Si eres persona que vive con diabetes, estoy seguro que por lo menos alguna vez lo sentiste. Pero, ¿cuántas veces tu equipo médico realmente te explicó por qué ocurre este fenómeno? Te anticipo: el clima y la temperatura no son factores secundarios ni de poca importancia. Ignorar su impacto es como intentar entender el mar calibrando solo la cantidad de peces, sin considerar la marea.

El papel subestimado del clima en la fisiología del metabolismo glucídico

A partir de estudios realizados en diversas latitudes, se ha observado una correlación significativa entre la temperatura ambiente y los perfiles glucémicos en población tanto diabética como no diabética.[1],[2] Las mediciones de Frandsen et al. (2017) en población urbana de Dinamarca revelaron variaciones estacionales de hasta 12 mg/dl en la glucosa en ayuno durante el invierno comparado con el verano (p<0.001).[3] ¿Qué está pasando a nivel interno? El cuerpo humano, afinadamente calibrado, ajusta sus mecanismos hormonales y de gasto energético en función de la temperatura externa, haciendo más difícil -o, en ocasiones, más simple- la tarea de mantener la homeostasis glucémica.

Mecanismos endocrinos: La danza fina entre insulina, calor y frío

Durante bajas temperaturas, el cuerpo intensifica el consumo energético para mantener la temperatura corporal. Este fenómeno, mediado en parte por la noradrenalina y el aumento de la termogénesis en tejido adiposo marrón,[4] puede incrementar la sensibilidad a la insulina en sujetos sanos, pero en personas con diabetes tipo 2 y resistencia insulínica, el déficit adaptativo es evidente.[5] Los estudios de Zeevi et al. (2021) resaltan que incluso una variación de 5°C puede alterar la biodisponibilidad insulínica subcutánea, afectando la farmacocinética de insulina basal e incrementando el riesgo de hipoglucemias inadvertidas.[6]

En el extremo opuesto, las olas de calor generan una preocupación doble: vasodilatación periférica y deshidratación. La evidencia acumulada sugiere que la exposición crónica a temperaturas superiores a 30°C reduce la acción insulínica y favorece episodios hiperglucémicos, agravando la microangiopatía y la disfunción endotelial.[7] La explicación fisiológica radica en parte en la activación del sistema simpático, la liberación de hormonas contrarreguladoras como el cortisol y la altera utilización de glucosa por los músculos, obligando al páncreas a demandas poco realistas.[8]

Glucemia e hidratación: una frontera crítica

La relación entre temperatura ambiente y el estado de hidratación en diabéticos no debe soslayarse. En condiciones de calor, el aumento de la transpiración no solo eleva el riesgo de deshidratación,[9] sino que también genera una “pseudo-concentración” plasmática de la glucosa, es decir, una elevación aparente pero peligrosa de la glucosa sanguínea. Datos meta-analíticos publicados en la revista Diabetes Care detallan que, durante olas de calor, las hospitalizaciones por hiperglucemias y crisis hiperosmolares aumentaron un 18% (IC95% 1.09-1.27),[10] especialmente en adultos mayores y personas que requieren insulina.

Un segundo punto invisible es la alteración de la percepción de la sed en adultos mayores con neuropatía autonómica, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de descompensaciones metabólicas[11] y potencialmente acidosis. Por ello, la hidratación programada y no sólo “cuando tengo sed” es fundamental. Detalle importante: el agua simple siempre será la mejor opción, pero los electrolitos (bajo contenido en azúcares, claro) pueden ser auxiliares durante periodos de sudoración excesiva.

Termolabilidad de la insulina y medicamentos: el error frecuente

Pocos advierten que la estabilidad de la insulina es crítica y altamente sensible a los cambios de temperatura. Las moléculas de insulina pueden perder actividad si no se mantienen entre 2 y 8°C, y más aún, si se exponen a temperaturas de más de 30°C por apenas unas horas.[12] El “shot” de insulina olvidado en el carro durante un día cálido puede tener el mismo efecto que una dósis subterapéutica.

Otros fármacos antidiabéticos orales, como metformina, glibenclamida o sitagliptina, aunque más estables, recomendan evitar almacenamiento en lugares calurosos o húmedos, pues la descomposición de los excipientes puede alterar la biodisponibilidad y provocar gastroirritabilidad o pérdida de eficacia.[13]

Respuestas de monitoreo: por qué ajustar la rutina y cuándo hacerlo

La American Diabetes Association y la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología recomiendan incrementar la frecuencia de monitoreo durante eventos de clima extremo.[14] Yo, dr. Pedásquez, aconsejo a mis pacientes hacer una prueba extra de glucosa antes y después de salir a la intemperie y anticipar ajustes en insulina y fármacos 24 horas antes de un cambio pronosticado de clima. Cuidado si viajas a Guadalajara en abril o Monterrey en verano: podrías requerir hasta un 15% menos de insulina basal algún día y reincrementarla otro dependiendo del ambiente.

Nutrición, clima y diabetes: ¿cómo se conectan?

Bajo frío, las necesidades calóricas aumentan, y la demanda de micronutrientes con potencial antioxidante (vitaminas C, E, zinc y selenio, especialmente) se vuelve crítica como defensas ante posibles infecciones.[15] Por eso, es esencial reforzar frutas, verduras de temporada y, de preferencia, obtener orientación personalizada sobre suplementación científica. Si tienes dudas puntuales, en la tienda Nutra777 encontrarás asesoría específica en nuestra sección de diabetes Nutra777 Diabetes – consúltala, ¡gran parte de los productos han sido seleccionados por especialistas!

En contraste, el clima caluroso predispone a mayor sudoración y pérdida de minerales. El magnesio y el potasio juegan roles centrales en la sensibilidad a la insulina y la transmisión nerviosa. Es fácil subestimar la importancia de un suplemento bien dosificado y sin contraindicaciones, especialmente en personas polimedicadas.[16]

Estudios recientes subrayan además que la deficiencia crónica de vitamina D, más común durante el invierno en México central y norte,[17] puede exacerbar la resistencia a la insulina. Menos horas independientes de sol, menos conversión cutánea de vitamina D3: ¡más riesgo glucémico! Así que, una consulta clínica y un ajuste de la dosis suplementaria puede ser la diferencia entre un invierno estable y uno plagado de episodios hiperglucémicos.

¿Y la actividad física? Las trampas de ejercitarse con calor o frío

Hacer ejercicio en ambientes fríos incrementa la oxidación de grasas, mejora la sensibilidad a la insulina[18], pero también incrementa el riesgo de hipoglucemia por aceleración en el consumo muscular de glucosa. Calor extremo, por otro lado, tiende a disminuir la tolerancia al ejercicio, reducir la actividad física espontánea y descompensar por deshidratación y fluctuaciones rápidas de glucosa.[19] Aquí, el monitoreo continuo de glucosa (MCG) es invaluable: quienes cuentan con sensor tienen hasta un 30% menos de hipoglucemias graves o asintomáticas durante periodos de clima extremo.[20]

El impacto social y sistémico: México en la mira

En nuestro país, la variabilidad climática es particularmente relevante para la diabetes. Las olas de calor en el norte y centro del país han incrementado en un 22% las hospitalizaciones asociadas a complicaciones agudas de diabetes en las últimas dos décadas.[21] A nivel rural y suburbano el acceso a insumos para el monitoreo y el almacenamiento de insulina es aún un reto, y los registros de la Secretaría de Salud muestran subreportes considerables durante eventos extremos.

Conclusión práctica, pero con rigor: lo que realmente debes hacer

  • Ajusta tu monitoreo según la temporada: incrementa la frecuencia en días extremosos.
  • Cuida cómo y dónde transportas tus medicamentos, especialmente insulina.
  • Prioriza la hidratación proactiva en clima cálido; considera electrolitos bien ajustados si sudas en exceso.
  • Revisa tus suplementos y vitaminas, sobre todo durante meses invernales o si tienes deficiencias previas. Consulta referencias científicas sobre el tema y no imites rutinas ajenas.
  • Consulta tu registro de glucosas en cada estación y comparte dudas y observaciones con tu equipo médico. Son tus datos los que construyen la mejor estrategia.
  • No ignores alteraciones emocionales: el estrés térmico también incrementa secreción de cortisol y la tendencia a comer más o menos saludable.

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Dr. Pedasquez
Endocrinólogo, Doctor en Ciencias Médicas.
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